El tren del Bitcoin

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La primera vez que escuché la palabra «Bitcoin» fue en la universidad. Un amigo de la facultad de alma curiosa, siempre inscrito a todos los cursos que ofertaban, y con una extraordinaria visión de futuro, me dijo: «Laura, apúntate a este curso. Me parece interesante. Se llama: Bitcoin, el futuro del dinero». Vaya tontería, pensé. De qué me va a servir esto. Pero al final me animé, porque siempre -y más en mis años de estudiante- he sentido curiosidad por cosas que en mi día a día no sirven para nada. Que más daba una más, el saber no ocupa lugar.

A muchos les haría gracia ahora, la forma en la que nos presentaron la moneda virtual, explicada de la forma más básica y mostrada como si estuvieran vislumbrando el futuro Blade Runner 2049. Mis sensaciones al terminar el curso fueron de desconfianza e incredulidad. Nadie de mi alrededor conocía en aquel momento las criptomonedas. Ni mi familia, ni mis amigas, ni Twitter, donde las noticias eran todavía inexistentes en las búsquedas. Solo encontré un video en YouTube en el que salía Alejandro Touriño del despacho Écija hablando sobre ellas en una de sus primeras conversaciones en la azotea del Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Concluyendo, mi amigo y yo archivamos el diploma junto a los demás, pero no invertimos en Bitcoins en el momento clave de su historia. Se nos pasó un tren que pudimos coger, y aquel pasado futuro ya es presente.

La relación entre las criptomonedas y Hacienda es de las complicadas. Esta semana, la Agencia Tributaria ha solicitado información a una serie de entidades que intervienen en la adquisición o venta de criptomonedas. Entre ellas, 16 bancos y más de 40 empresas que admiten pagos con ellas. A simple vista puede parecer una «caza de brujas», pero lo que Hacienda busca es información adicional a los datos que ya tiene, y a partir de ahí decidirá si inicia procedimientos de investigación y control.

Aunque esté siendo muy sonado estos días, no es la primera vez que actúa así. En 2015 ya requirió información a empresas para saber más sobre sus actividades, concretamente sobre Bitcoins, el que ha sido el buque insignia de las criptomonedas. La diferencia, quizá, es que la actual campaña afecta a muchas más entidades y las preguntas son también bastante más detalladas.

En el plan de Control Tributario de 2018 publicado en el BOE, Hacienda ya anunció que reforzaría el control: «La utilización por el crimen organizado de la Internet profunda, o deep web, para el tráfico y comercio de todo tipo de bienes ilícitos, así como el empleo de criptomonedas tipo bitcoin o similar como medios de pago, es uno de los desafíos más exigentes en la actualidad». 

¿Cuál es el objetivo de tanto control? Bueno, son varios. Algunos todavía inciertos. Lo principal es evitar el blanqueo de capitales -tráfico de drogas, terrorismo-, evasión de impuestos, etc.

Otra pregunta frecuente estos días es sobre su fiscalidad. ¿Cómo tributan? La respuesta está en el aire. Se deduce que si de la venta de una criptomoneda adquirida en euros se obtiene un beneficio se registrará como una ganancia patrimonial en la renta del ahorro, y por el contrario, si se obtuviera una pérdida sería una pérdida patrimonial. Así tributarían en la renta. Por otro lado, está sujeto al IVA por consistir en una compraventa pero queda exento porque una Directiva europea declara exentas todas las operaciones relativas «a otros efectos comerciales» dentro de las que quedan incluidas las criptomonedas. También deben declararse en el Impuesto sobre el Patrimonio por su precio de mercado determinado a fecha de devengo (31 de diciembre de cada año).

Todas las monedas digitales que existen, a pesar de llamarse así, monedas, no dependen de ningún Estado o Banco Central. Tampoco se puede certificar con seguridad la propiedad de estas divisas y con qué elementos se podría probar su robo. No existe, de momento, normativa o regulación clara para apoyar la defensa en ese hipotético caso. Es un sector «en pañales», no regulado.

La tecnología que hay detrás del Blockchain, a la que ya le llaman «la cuarta revolución industrial», permite que el nombre del comprador de criptomonedas se encuentre en el anonimato por lo que Hacienda no tiene las herramientas necesarias para saber quién está detrás. Blockchain dicen que es la tecnología más segura del mundo, sí, pero nunca llegará a ser perfecta al 100%, por ello son necesarias leyes que lo regulen.

El peligro especulativo y la ausencia de un esperado marco jurídico -que Europa ya está intentando solucionar-, está generando interrogantes e inseguridad, además del riesgo que corremos de que las criptomonedas se conviertan en un refugio de actividades ilícitas sin control.

Por A o por B las personas no siempre estamos preparadas para coger los trenes que pasan por nuestras vidas, salvo Hacienda que espera paciente al Bitcoin en la estación.

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