
La primera vez que escuché la palabra «Bitcoin» fue en la universidad. Un amigo de la facultad de alma curiosa, siempre inscrito a todos los cursos que ofertaban, y con una extraordinaria visión de futuro, me dijo: «Laura, apúntate a este curso. Me parece interesante. Se llama: Bitcoin, el futuro del dinero». Vaya tontería, pensé. De qué me va a servir esto. Pero al final me animé, porque siempre -y más en mis años de estudiante- he sentido curiosidad por cosas que en mi día a día no sirven para nada. Que más daba una más, el saber no ocupa lugar.